domingo, 15 de marzo de 2015

Se busca un alquiler

¿Por qué serán los sábados los mejores días para buscar alquileres en los clasificados? Me acuerdo de que hace veinte años, cuando salí disparado de lo de mis viejos, era igual. Para colmo, busqué por internet toda la semana, pero estaban carísimos o no eran lo que necesito, así que hoy me levanté temprano, compré el diario y ahora, mientras desayuno, llamo por los departamentos que me interesan.


AV. Córdoba y San Martín Retiro 
60m A NUEVO Cat
Dorm e/ste toil 4827-3418

Mientras el teléfono suena, miro una foto en la que estoy con Mariana, que mi hija encontró en uno de los cajones de un mueble del comedor. Es del día en que nos casamos. Me impresiona verme tan flaco y a ella con esa sonrisa que, si bien no sé si es justo decirlo, tapaba algunas cosas que todavía no habían saltado a la luz.

- Hola – dice una voz de hombre.
- Hola, buenos días, llamaba por el departamento en Córdoba y San Martín. Quería hacerle una pregunta si no le molesta… - hago un silencio. Espero un “no pibe, no molestás” o un “dale, decime” que nunca llega. - ¿En qué piso está el departamento?
- Noveno.

Agradezco y corto. No, no es fácil encontrar lo que se busca, porque, como dicen todas esas imágenes que comparten las señoras en Facebook “uno encuentra lo que busca cuando no lo está buscando”, y aunque suene muy cursi, tienen algo de razón. A Mariana la conocí gracias a la reunión mensual de wikipedistas argentinos. Soy fanático de escribir artículos así que no falto a ninguna de las reuniones, que se hacían en una confitería antigua que luego cerraron para poner un Starbucks. Al principio nos dio bronca, porque ese era nuestro lugar para discutir sobre las novedades de la página, pero tanto nos gustaron los muffins, los rollos de canela y los cafés extravagantes que mantuvimos el lugar de encuentro. Así fue que conocí a Mariana, cuando le pedí un Caramel Macchiato Venti. Durante cuatro meses pasé todos los días por el Starbucks, hasta que una vez tomé impulso y al pedido de mi desayuno le agregué su teléfono. A cada rato le escribía mensajes, que casi nunca me contestaba pero un día me dio charla y hablamos durante horas. Esa noche la invité a salir. Subrayo otro aviso:

AV. Santa Fe al 2600
1*2 lindos amb cocina y bño
c/dria baj exp  4811-1784


Llamo. En estos lugares siempre tardan mucho en atender, no sé por qué será. Al año, Mariana vino a vivir a mi departamento en el noveno piso de la calle Malabia. Ella había comenzado a trabajar de ludoeducadora, que era lo que había estudiado. Su nuevo trabajo la hacía feliz pero, también le traía muchas frustraciones. Sin embargo, la mayor parte del tiempo estaba contenta, todavía conservaba su forma de ser alegre, cosa que me gustaba, así como también su sentido del humor, su forma de pensar y de ver el mundo. De todas formas, me preocupaba su cambiante estado de ánimo, pero más que nada lo ansiosa que podía llegar a ser. Cualquier situación en la que había que esperar por algo, la descolocaba, se transformaba, parecía otra persona, alguien que no tenía nada que ver con la chica de la que me había enamorado.

- Buenos días. – dice una mujer.
- Hola, llamaba por el departamento de la Av. Santa Fe al 2600. Quisiera hacerle una preguntita… ¿El departamento es en el primer piso, verdad?
- Ajá.
- Ah, qué bien. ¿Tiene bañadera?
- Sí, tiene una bañadera blanca enorme, deben entrar dos personas acostadas una al lado de la otra.
Su voz es tan clara que parece sacada de un banco de voces para conmutador. No sabría decir si está triste, alegre o al borde de la muerte. Le digo que no es lo que busco y corto. Levanto de la mesa la foto con Mariana, la sostengo en el aire, mientras siento que se me cae una lágrima. A los seis meses de convivir, luego de enterarnos que estaba embarazada, decidimos que lo mejor sería casarnos. En la fotografía, si se mira bien, se nota su panza y también, seamos honestos, que yo le llevaba una década. Tuvimos una nena, se llama Lara, que hace poco cumplió cuatro años.

Me paro, dejo el marcador, el diario y voy a su cuarto a ver si se despertó. Miro cómo, mientras duerme, mueve los ojitos para todas partes debajo de los parpados. Está destapada, me acerco y le acomodo la colcha. Esta habitación es un desorden total. Cuando yo era chico no necesitaba tantos juguetes, pero bueno, también era otra época y yo no pasé todo lo que Larita pasó. Vuelvo a la cocina, miro los clasificados y marco otro departamento.

Ayacucho 1435 1° “B”
Regio depto. Balc cft a jardines
Impec luminoso laundry 54751942

La palabra “regio” me da un buen presentimiento. Desde el tercer mes de embarazo, Mariana no soportaba esperar hasta dar a luz. Sin embargo, los médicos dicen que Mariana se deprimió después del parto, aunque para mí siempre fue algo depresiva. Un par de meses después de vivir juntos ya le había insistido para que hiciera terapia, también le sugerí que hiciéramos algún tratamiento grupal, pero nunca quiso. Busqué ayuda en su familia, pero cuando se lo insinué a sus padres me amenazaron con decirle a Mariana, su única hija, su tesoro, que yo comentaba a sus espaldas que era una loca y que había que internarla.

- Hola, sí… llamo por el departamento de Ayacucho. ¿Te puedo hacer una preguntita?
- Sí, decime por favor. – estas una voz muy parecida a la voz endulzada de mi tía Teresa, que marca bien las vocales.
- ¿Tiene bañadera?
- No, no tiene bañadera.
- Perfecto. Una última pregunta. ¿El edificio tiene gas o es todo eléctrico?
- Todo eléctrico.

Le digo que en menos de una hora paso a mirarlo. Luego de que naciera nuestra hija, si la bebé lloraba, Mariana lloraba el doble. No podía quedarse a solas con Lara sin explotar en un ataque de ira o enloquecer porque la nena no se callaba. Sin posibildiad de dejar de atender el estudio contable, contraté a una niñera para que cuidara al bebé mientras Mariana se recuperaba. Comenzó a ir al psiquiatra, donde la acompañé todo lo que pude. A veces no decía ni una palabra, otras, se encendía, gritaba, y hasta me agredía. Se quejaba de que no había querido tener un hijo, que nunca iba a poder volver a trabajar porque fracasaría, que no entendía a los niños, que los odiaba, que no tenía idea de por qué había querido ser docente. La medicaron con un batallón de psicotrópicos y antidepresivos, algo muy difícil para alguien como ella, que nunca había podido tragar ni una aspirina. Era un verdadero trabajo moler todas esas pastillas de Clonazepam, Aprazolam y  Diazepam todos los días para que pudiera tomarlas. Fueron dos años y cuatro meses duros hasta que Mariana volvió a su rutina. A pesar de que estaba mejor, se había convertido en otra persona. Discutíamos todo el tiempo por cualquier cosa y, si bien al principio puse todas mis fuerzas en intentar que mi mujer estuviera bien, con el tiempo me cansé, por lo que evitaba estar en casa y cerca de Mariana la mayor cantidad posible de tiempo. Encuentro otro departamento cercano. No está mal tener más opciones.

Billinghurst y Av. Córdoba
Depto. Balc frente a parque
A estrenar Parquet 4872-0742

Llamo varias veces pero da ocupado, lo que interpreto como una señal que el departamento regio es la opción correcta. Una tarde dejé a Lara con nuestros padres. Esperé que llegara Mariana y nos sentamos en esta misma mesa. Le dije que ya no aguantaba más la relación y que me parecía que lo mejor para los dos era separarnos y le juré que me iba a hacer cargo de todo. Dijo que, en principio, estaba de acuerdo pero me pidió por favor que esa noche la dejara sola porque necesitaba pensar. Para mi sorpresa, se tomó todo con mucha calma, es más ni siquiera lloró. Podría decir que sonreía… Ahora que lo pienso mejor, Mariana tenía la misma sonrisa que en la foto, una expresión que transmite una felicidad habitual, como si casarse o separarse fuera la misma cosa, y a su vez, algo de todos los días.

Armé un bolso de mano con tres mudas de ropa, me di una ducha, me cambié y subí al auto. Manejé casi dos horas. Primero enfilé hacia lo de mis padres, pero después preferí no molestarlos ni transmitirle alguna preocupación a la nena. Después pensé en ir al casino, pero tampoco me pareció una buena idea mezclar tristeza con juegos de azar. Cuando me di cuenta tenía hambre, así que paré a comer algo en un tenedor libre sobre avenida Corrientes pero apenas pude servirme algo. Estaba muy nervioso, no dejaba de pensar si estaba bien lo que había hecho. Sólo podía calmarme una cosa.

Recordé del cyber abierto las 24 horas que está sobre Lavalle. Fui hasta ahí a pie, pedí una máquina, entré a Wikipedia y me puse a actualizar artículos viejos. Corregí la ortografía de un par de páginas, les di estilo a otras, traduje un par de entradas del alemán, en fin, hacía lo que me da la mayor paz del mundo.

Cuando sonó mi celular, editaba una página que tenía la formación de Racing del sesenta y ocho llena de errores. Era una llamada del Hospital Pirovano. Mariana había llenado la bañadera de agua tibia y luego se quiso cortar las venas, pero como le dolió mucho no llegó a rebanárselas del todo. Fue hasta el horno, abrió el gas, metió la cabeza dentro pero se cansó de esperar. Así que intentó ingerir el frasco de los antidepresivos completo que le habían recetado, pero al no poder tragar ni una pastilla entera no pudo causarse una sobredosis. Harta de todo, se arrojó desde el balcón del departamento. Cayó sobre el fresno de la vereda, como fue a fines de octubre, su copa frondosa amortiguó el golpe. Mariana rebotó contra el árbol y luego aterrizó sobre el toldo de la carnicería de al lado. Sufrió un par de fracturas, también alguna hemorragia interna, pero a fin de cuentas, se salvó. En menos de un mes le dan el alta, más o menos para el momento en que salen los papeles del divorcio. Sé que quizás no corresponde elegir en dónde va a vivir mi ex pero soy un tipo de palabra y le juré, de rodillas, hacerme cargo de todo.

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